25 dic. 2011

LINDA



Linda acaba de recibir un beso, era aniversario de la empresa y su jefe le pidió bailar, como iba a negarse, además lo admiraba y respetaba tanto, esa demostración de afecto la dejó muy confundida, ¿Le gusto? parecía una pregunta muy obvia. Un hombre veinte años mayor, con una hermosa familia, al menos eso parecía en la fotografía que tenía sobre su escritorio, la veía cada mañana cuando revisaba su agenda personal para recordarle las reuniones más importantes del día, en el fondo hubiera deseado estar en aquella imagen que felices se veían todos.

Había pasado dos semanas de aquel incidente, estaba Linda en su oficina con la misma rutina que la agobiaba en meses, se repite “OLVÍDALO, eso es imposible”, mientras prepara un informe para el Gerente General, un hombre muy prepotente y que le gusta hablar en doble sentido. Debe terminar aquel informe pero no podía concentrarse, no podía retirar de su mente aquel beso.

Entonces recuerda que debe pagar la renta, es casi fin de mes y las deudas no esperan. Se coloca sus lentes gastados y continúa con sus labores, él llega y la concentración que había logrado se pierde al responder a su pregunta: “Si, Ingeniero todo está bien”. Él con la serenidad y galantería que lo caracteriza, le dice que hoy está más linda que su nombre, ensayando esa mueca y logrando esa media sonrisa que la desarma.

Su experiencia, su aroma varonil, sus ganas de poseerlo todo y ver como lo consigue con unas frases bien estructuradas y su cálida sonrisa, todo de él le atrae y no puede evitarlo, pero debe seguir con el dichoso informe y dan las cinco de la tarde, Linda lo revisa, está listo, presiona enviar y el informe va a dar al correo electrónico del Gerente General, es tarde y se despide de su jefe mientras lo contempla una vez más.

Al día siguiente Linda llega quince minutos tarde al trabajo, la congestión vehicular está cada día peor en Lima, y eso que se traslada en taxis colectivos, entra a su oficina y suena el teléfono, era Melissa la asistente del Ing. Ramos, el Gerente General ”Ven enseguida te está esperando mi jefe” y el sonido estrepitoso del aparato al colgar la llamada fue lo último que escuchó.

Muy presurosa toma el ascensor: “al octavo por favor” le dice al personal encargado, mientras un sudor frío le recorre el cuerpo, unos polvos compactos en el rostro pueden disimular su nerviosismo. La anuncian y le indican que pase quince minutos después, “Linda, esto es inaceptable” es la frase que escucha al ingresar, esa voz grave y el tono que utiliza en esta ocasión le indican que sería el día F (fatal), “el informe del Proyecto Shamrock parece elaborado por un practicante, no estoy conforme con tu desempeño y los tres últimos informes que has presentado han sido tan pobres, pensé que necesitabas más tiempo para adaptarte al nuevo empleo, pero no es posible que después de seis meses en esta empresa sigas así, ve a administración por tu liquidación, eso es todo puedes retirarte”.

“No es todo Ingeniero” armándose de valor respondió Linda, “si no estaba conforme con mi desempeño hubiese preferido que me lo diga, pero agradezco la oportunidad que me brindaron todo este tiempo, adiós”. Con una tristeza que no podía disimular caminó hacia la puerta, la abrió y un suspiro se le escapó mientras se retiraba. Ingresó al ascensor y ya tenía los ojos rojos, cuando este se detuvo y al abrirse la puerta lo vio, era él que volvía a su oficina. Linda no pudo contenerse y lo abrazó, él sin dudarlo respondió al abrazo tiernamente, ella levantó el rostro y él la acarició diciendo: “Todo estará bien, yo se lo pedí”, de pronto la puerta del ascensor se abrió, estaban en el piso dos.

Linda se alejó raudamente, apenas escuchó: “Espera Linda”. Ella no se detuvo hasta llegar a su oficina, casi sin aliento tuvo que sentarse, no pudo evitar que cientos de preguntas pasaran por su mente en cuestión de segundos y la imagen recibiendo aquel beso hacia de fondo, mientras se repetía: “No puede ser”.

Él la siguió y al tenerla al frente le pidió que se tranquilice, repitió: “ahora todo estará bien, debes recoger tus cosas, puedes venir por tu liquidación mañana". La tomó de ambos brazos hasta ponerla de pie, ella lo miró fijamente,  él le dio un beso muy suave, luego le dijo: “Descansa, te llamo en la noche para salir” y se fue.



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