24 feb. 2012

Decisiones II


Porque lo prometido es deuda, estas líneas han sido escritas con la profunda convicción de que un capítulo agridulce de mi vida ha llegado a su fin, han quedado cicatrices honor al mérito en el alma y el corazón, pero estas me permiten recordar que un día amé con todas mis fuerzas.

Llegó el día ansiado, el punto de encuentro un restaurante en un distrito de Lima, lo encontré sentado en la parte más alejada del segundo piso, para que nadie pudiese reconocerlo. Parece que no hubiese pasado el tiempo en él, pedimos unos tragos y la conversa iba tomando forma, teníamos la confianza necesaria para tocar cualquier tema, pero era inevitable no mencionar el asunto de la ruptura, las culpas de uno y otro lado surgieron, cuando menos lo pensaba se humedecieron mis ojos y nuevamente evidencié mi fragilidad.

Pasaron las horas y cambiamos de bebida, mi vaso de cerveza seguía en el mismo nivel, mientras la jarra prácticamente estaba vacía, se imaginan el porqué. Luego, sacó de su bolsillo un regalo que tenía guardado para mi, lo colocó en la palma de mi mano diciendo: “Espero que te guste”, aunque no me extrañó el dichoso regalo, la presentación me sorprendió bastante, era una pequeña cajita azul aterciopelada, por escasos tres segundos se nublaron mis pensamientos y sentí una estocada en el corazón, abrí la caja y resultó ser lo que imaginaba, una delicada y diminuta prenda íntima. Me pregunté ¿había necesidad de usar esta cajita para entregar aquel regalo?, ¿trataba de enviar algún mensaje oculto? o simplemente deseaba deshacerse de esa cajita porque el objeto que originalmente estaba ahí ya tenía dueña.

Le dije: ¿Sugieres que esta prenda la use cuando tenga un encuentro íntimo con otro hombre y luego te envíe un vídeo para que veas como me queda?. "Por supuesto que NO, podemos ir a otro lugar, si deseas" indicó enseguida. "Si, pero no", respondí, sentía que no merecía ser tratada así. La conversación se hacía más seductora y hasta llegando a indagar por la cantidad y calidad de experiencias íntimas que había tenido, como dama que soy no tengo memoria para esos encuentros. 

Con rostro desencajado dijo:”Pensaba que después de mi no habías estado con nadie más”, mientras mantuvimos una relación siempre lo respeté, pero siendo una mujer joven y con ganas de vivir plenamente y sobretodo SOLTERA, tengo toda la libertad de hacer lo que me venga en gana. Le pregunté ¿porque pensaste eso?, por “EGOÍSMO, creí que siempre serías para mi” respondió. "Siempre es demasiado tiempo, y después de lo sucedido, con mayor razón no guardaré luto", le dije.

Bueno, él lanzó nuevamente su “propuesta”, era casi medianoche de un martes cualquiera, había que estrenar el regalo. No voy a negar que deseaba aceptar la propuesta, pero respondí que NO a tanta insistencia. La propuesta se mantuvo en los días posteriores y evaluando los riesgos y ganancias decidí revivir momentos intensos sin involucrar sentimientos. Tengo  la seguridad de que él también lo deseaba mucho por lo que coordinamos encuentros de ese tipo, pero faltando escasas horas en dos oportunidades se retractó.

Nuevamente le di el poder, él decidió por nosotros y consideró que era mejor que no sucediera algo de lo que luego se “arrepentiría”, no lo volví a ver más. Sólo deseo que sea  muy feliz y le agradezco por todo, incluso por enseñarme lo que no es el amor. En lo que a mi respecta, más consciente de mis fortalezas y debilidades avanzo por un camino incierto pero a la vez desafiante, se presentarán tentaciones a menudo y las asumiré como tales, mientras, no perderé la ilusión de conocer el verdadero amor. 

                                                                                                                                          

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