26 ene. 2013

Las coincidencias existen


Una mañana de un jueves aburrido y terriblemente sofocante me encontraba deambulando por las calles de Jesús María, no tenía un destino definido sólo deseaba recorrer aquellos lugares por donde hacía una década atrás anduve bien acompañada, los recuerdos asaltaban mi mente mientras que mis zapatos gastados y mis piecitos adoloridos pedían desesperadamente DESCANSO. 

Coloqué mi vista sobre un carrito de helados y un joven que lo conducía, me dirigí hacia él y le pregunte: "Tiene helados de hielo", enseguida respondió: "claro que si, hay  Mecano y Tornado",  inclinando la cabeza hacia el carrito pregunté: "tienes de fresa, es mi sabor favorito", él joven sonrío y respondió afirmativamente.

Oh cuanto alivio sentí con mi helado de fresa, poco a poco fui devorándolo pero disfrutando cada bocado, entonces reparé en la súplica de mis miembros inferiores, tracé una linea imaginaria tomando de referencia el punto donde me encontraba y justamente vi la puerta principal de un centro comercial que tenía asientos en la entrada, era sólo cuestión de cruzar la pista y hallar refugio en ese lugar, el semáforo en verde me permitió avanzar y mientras lo hacía mis latidos se aceleraron y un sudor frío recorrió mi cuerpo.

Estaba frente a aquel lugar, el primero de tantos encuentros, me acerqué lentamente a uno de los asientos, consciente de que lo esperé la vez primera ahí, era de noche y corría un viento ligero que en complicidad con mi larga cabellera me hacía ver más sensual, eso dijo al verme aquella vez. Terminé mi helado cuando escuché unas pisadas fuertes que se acercaban hacía mi, levanté la mirada y comprobé que él estaba frente a mi, así es, las coincidencias existen, mi primer amor volvió a mi.

Una media sonrisa, su marca personal me daba un cálido saludo, me incorporé en el acto y le dije: "Vaya que sorpresa, parece que este lugar se puso de moda" a lo que respondió con una carcajada, no me extraña siempre tuve ese toque para arrancarle una sonrisa o más que eso, luego me preguntó algo poco original: "como estas?", típico en él, "Muy bien, como podrás apreciar" le respondí.

Me dijo: "Deseas caminar?", moví la cabeza en señal de aceptación, fue así que continuamos nuestra conversación por esas calles que eran tan nuestras y hoy cómplices de esta hermosa coincidencia, parecía que nos habíamos despedido hacía unas pocas semanas, la confianza y el placer de quienes disfrutan de la compañía mutua sólo es el reflejo del vínculo que nació y se alimentó de un especial sentimiento que ni el tiempo, ni las distancias u sombras perniciosas podrán romper.




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