28 dic. 2013

3D

"Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte soy como
 el junco que se dobla pero siempre sigue en pie"
(RESISTIRÉ)

Desde niña siempre tuve la sensación de que algo marcaría mi vida al cumplir los treinta. No sabía exactamente que sería, sólo esperaba estar a la altura de lo que se presentara. El tiempo me dio la razón, siento que casi termino de atravesar un largo túnel oscuro y lleno de obstáculos, veo a poca distancia una luz intensa y la temperatura empieza a subir. El final de una etapa, una tan determinante para mi crecimiento personal, debo agradecer por tanto y a tantos, por todo lo positivo y negativo, he aprendido mucho.

El amor tocó a mi puerta con insistencia y aunque al inicio me resistí a aceptarlo, finalmente dejé que mi corazón decidiera. No es fácil arriesgar y volver a amar, principalmente cuando confiaste y te lastimaron, pero el tiempo pasa y las heridas sanan. Bienvenidos momentos perfectos, tan hermosos e intensos, pensaba que eran la recompensa que la vida tenia preparada para mi. Sin embargo, eventos adversos empañaron mi felicidad. A veces pienso y me atormenta saber que pude hacer más, pero no tiene sentido ahondar en esta parte ahora. Nada de lo que diga o haga podrá revertir lo que sucedió, ya no estarás y te extrañamos tanto.

Fueron meses de angustia y tristeza, también necesité apoyo pero lo pedía en voz baja como para que no se percaten o por mi propia naturaleza orientada a un afronte individual ante las adversidades. En fin, estos sentimientos que me carcomían eran menores o insignificantes frente a la tragedia que ocurría, en aquellos momentos no comprendía que también era mi tragedia por decisión propia. Sin embargo, no puedo negar que encontré apoyo en algunos (as), algo tan simple como una conversación puede aliviar tanto, es el soporte emocional que llega sin pedirlo, es la mano amiga que comprende y alienta a seguir.

Cuando creía que las cosas no podían empeorar, surgieron nuevas responsabilidades acompañadas de un ambiente hostil y con sobresaltos, comprobar que las personas no siempre son como se muestran es difícil y decepciona. Obviamente, como ser humano tengo defectos y he cometido errores, mis procesos son más lentos, según mi parecer, no significa que no reconozca mis faltas sólo me detengo a analizar y considerar esa posibilidad como tal, para corregir y asumir lo que toca. En ese ínterin, sé que he causado daño, me he disculpado por ello y he tratado de revertirlo, también sufrí y aún me siento culpable, no es una sensación agradable menos cuando se encargan de recordarte a menudo tus errores.

Descubrí mi primera cana a los treinta, lo he tomado como símbolo de sabiduría y experiencia. Además, tengo metas pendientes que son promesas conmigo misma, debo concluirlas y cerrar ciclos, ciertamente parecen proyectos titánicos pero no imposibles. Estoy a la mitad del camino, tres décadas no han pasado en vano, soy una mujer que vibra en la quietud de la vida, pueden pensar que falta chispa o emoción, se equivocan, aprendí a valorar la tranquilidad, dosificar y priorizar para disfrutar sin remordimientos. Sé  que volverán a formarse remolinos y algunas olas intentarán desestabilizarme, pero esta vez mis pies estarán firmes y conservaré mi centro. 





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