30 sept. 2016

FUEGO

Una noche estrellada la perfecta cómplice, apoyados sobre una morera de copa amplia nos besamos y me sentí flotar, quedé suspendida en tus ojos color café de insomnio. Retiraste suavemente mi coraza antes que mi ropa, cada caricia sincera aliviaba mis heridas mientras que tus labios inyectaban pasión desmedida. Éramos dos criaturas con necesidad de amar en libertad, viajamos con placer hacia galaxias cercanas hasta el amanecer, las notas de la canción triste se esfumaron al compás de tu risa y debo reconocer que temía estar soñando pero el aroma intenso a naranjas recién cortadas por la mañana me convenció, fue real.